martes, 15 de diciembre de 2015

Canto a Haydée Santamaría



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Diviso en la lontananza unos navíos con sus mástiles y sus banderas en el tope del asta y vuelvo a pensar en los elevados afanes patrióticos de Haydee Santamaría.


Caminaba sobre la tierra y vi una montaña cuya grandeza era tan elevaba que desafiaba las nubes sin lastimarlas. Seguí extasiado observando con celo aquel romance mórbido entre la montaña y las nubes. En ese preciso instante la excitación que me producía la fuerza de la pasión me hizo despertar de aquel sueño y al volver a la realidad me encontré con la prestancia de un símbolo épico que con su coraje y su extraordinario valor de mujer aferrada a sus ideales dio cátedras de consistencia en el centro del campo de batalla de sus convicciones.


A su pluma iluminada, en su oficio de escritora y como mujer multifacético, le fue confiada la sagrada misión de fundar la Casa de las Américas, que serviría de marco magnifico a escritores e intelectuales cubanos de sensibilidad social y humanística. Ese grandioso escenario constituyó y constituye aún hoy en día un templo dedicado a la difusión y a la exaltación de los sacrosantos valores culturales, artísticos, literarios, humanísticos y académicos.
De pronto, oí la hermosa guitarra de Reinier Mariño tocando y debajo de la piel de la superficie de la tierra cubana presencié los movimientos de dos gitanas de la tierra de Murcia bailando alegremente, a lo Belén Maya, una danza flamenco, cual es un Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Me aleje de aquel regodeo.
Y al ver la manecilla del reloj del sol que decía que era 28 de julio y encontrándome en la Habana, Cuba, me hizo evocar con gran pesar el fallecimiento de una persona, Haydée Santamaría Cuadrado, cuya figura ese dia se perpetuaría no solamente como una revolucionaria, además de ello, como la creadora y mecenas del movimiento artístico de jóvenes talentos musicales denominado La Nueva Trova, con el inmenso Silvio Rodríguez a la cabeza.
Haydée fue mujer entrañable y fue voz encendida que comunicó sentimientos, valores y firmeza a su pueblo, cualidades que nunca se agotaron y que vivieron en ella como gracias extraordinarias para avivar con su aliento las palmas del triunfo y la fidelidad.
Camino hacia el malecón habanero a contemplar taciturno el mar, sus nerviosas aguas y el vaivén de las olas besar con ansias locas su ribera. Diviso en la lontananza unos navíos con sus mástiles y sus banderas en el tope del asta y vuelvo a pensar en los elevados afanes patrióticos de Haydee Santamaría.
Desde el azulino mar habanero presencio emocionado la aparición de una figura de mujer envuelta en el traje blanco de una heroína, como si fuese  Atenea, diosa de la guerra y auxiliadora de los héroes en la mitología grecorromana. Aquella mujer que brotaba del mar de la inmortalidad en los hombros de Poseidón no podía ser otra que la brillante estrella cubana, Haydée Santamaría.
Esta mujer tuvo la hermosa peculiaridad de haber sido una de las estrellas más brillante y más perseverante junto a Celia Sánchez y Vilma Espín en el camino al triunfo de la Revolución, «como la estrella polar que no tiene parangón en cuanto a estabilidad en el firmamento», a modo de los versos de Shakespeare en la obra Julio Cesar.  
En algún momento debería escribirse una grandiosa novela épica sobre la vida y sacrificios de Haydée Santamaría Cuadrado. Yeyé, como le llamaban sus más íntimos, no cabe duda que fue un ejemplo de la mujer cubana, solo comparable con la Doncella de Orleáns, la heroína y santa francesa, Juana de Arco.
No me atrevería a revivir en este trabajo que la heroicidad de Haydee Santamaría para liberar a Cuba fue el resultado de una misión celestial, al igual que aquella niña quien en Ruan, un jueves 27 de febrero de 1431, escuchó la voz noble de Dios en el jardín de su padre, ordenándole San Miguel, «partir para liberar a Francia y así cumplir con la voluntad de Dios».
Pocas mujeres latinoamericanas y antillanas han hecho una contribución tan valiosa y tan inagotable al desarrollo del ideario inmaculado de José Marti, como Haydée en Cuba. La vigorosa labor intelectual y patriótica de esta cubana paradigmática ha sido reseñada con letras de oro por anteriores articulistas de distintas nacionalidades y pensamiento, solo faltaba este humilde aporte para agregarle otra flor más a su sagrado sepulcro.

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