martes, 17 de septiembre de 2013

Temple moral de hierro, ética y entrega



Por: Joel Lachataignerais Popa 
Me resulta imposible recordar a Haydée Santamaría Cuadrado, como un estático cuadro, como una fotografía fría y lejana. Es inevitable alcanzar en mi memoria su desprendimiento, su ternura, la eterna humanidad que llevaba dentro y una contagiosa alegría juvenil que la ataba a cuanta tarea estuviera entorno, especialmente entre los jóvenes y particularmente con los niños. Cuando aquel 28 de julio de 1980 la noticia de su muerte sacudió el país, lo primero que me vino a la memoria fue aquellas frases suyas que evocaban a cada paso la figura de Abel, el hermano entrañable: Nunca se acostumbró a la muerte del segundo Jefe del Movimiento de los sucesos el 26 de Julio.

Con prístina decisión Haydée se incorporó junto a Melba Hernández al grupo central creado por Fidel como corazón de aquella gesta, y de esa misma forma se mantuvo durante todo el bregar de lucha que resultaron los años desde 1953 hasta 1959; posteriormente le dedicó cuerpo y alma a la revolución, desde todo el quehacer político y cultural que atesoró después, extendiéndose hasta América Latina mediante la Casa de las Américas. Son incalculables los beneficios que para el mundo pobre dejaron sus ideas en esta institución que presidió hasta su fallecimiento, la Casa de las Américas constituye puente de unidad de nuestros pueblos y eso se le debe en gran parte a ella.
Un día de 1970, cumpliendo misiones del Partido y de Fidel, Haydée vino a residir en el territorio de Amancio Rodríguez junto al compañero Armando Hart Dávalos, quien laboraba entonces en los estudios de la nueva División Político administrativa del país. Desde allí trabajaron por crear lo que es hoy la provincia de Las Tunas y le dieron vida a la emisora Radio Maboas.
Ella, que tenía fe en el futuro mirando como tal a la niñez, sintió siempre en la conciencia que no sería atrapa por el enemigo y pasó entre las tropas del Ejército de Batista, con la estoicidad que llevan en sí nuestras mujeres y esa fue la idea que nos dejó en la memoria, por eso no es posible recordarla como algo intangible, porque su nombre Haydée Santamaría Cuadrado, sintetiza un concepto de mujer cubana: TEMPLE MORAL DE HIERRO, DE ÉTICA Y ENTREGA.





Por: Joel Lachataignerais Popa (jlpopa@enet.cu  joecklouis@gmail.com)

Me resulta imposible recordar a Haydée Santamaría Cuadrado, como un estático cuadro, como una fotografía fría y lejana. Es inevitable alcanzar en mi memoria su desprendimiento, su ternura, la eterna humanidad que llevaba dentro y una contagiosa alegría juvenil que la ataba a cuanta tarea estuviera entorno, especialmente entre los jóvenes y particularmente con los niños. Cuando aquel 28 de julio de 1980 la noticia de su muerte sacudió el país, lo primero que me vino a la memoria fue aquellas frases suyas que evocaban a cada paso la figura de Abel, el hermano entrañable: Nunca se acostumbró a la muerte del segundo Jefe del Movimiento de los sucesos el 26 de Julio.
Con prístina decisión Haydée se incorporó junto a Melba Hernández al grupo central creado por Fidel como corazón de aquella gesta, y de esa misma forma se mantuvo durante todo el bregar de lucha que resultaron los años desde 1953 hasta 1959; posteriormente le dedicó cuerpo y alma a la revolución, desde todo el quehacer político y cultural que atesoró después, extendiéndose hasta América Latina mediante la Casa de las Américas. Son incalculables los beneficios que para el mundo pobre dejaron sus ideas en esta institución que presidió hasta su fallecimiento, la Casa de las Américas constituye puente de unidad de nuestros pueblos y eso se le debe en gran parte a ella.
Un día de 1970, cumpliendo misiones del Partido y de Fidel, Haydée vino a residir en el territorio de Amancio Rodríguez junto al compañero Armando Hart Dávalos, quien laboraba entonces en los estudios de la nueva División Político administrativa del país. Desde allí trabajaron por crear lo que es hoy la provincia de Las Tunas y le dieron vida a la emisora Radio Maboas.
Ella, que tenía fe en el futuro mirando como tal a la niñez, sintió siempre en la conciencia que no sería atrapa por el enemigo y pasó entre las tropas del Ejército de Batista, con la estoicidad que llevan en sí nuestras mujeres y esa fue la idea que nos dejó en la memoria, por eso no es posible recordarla como algo intangible, porque su nombre Haydée Santamaría Cuadrado, sintetiza un concepto de mujer cubana: TEMPLE MORAL DE HIERRO, DE ÉTICA Y ENTREGA.



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