domingo, 2 de junio de 2013

Haydée, la fundadora recordarte en presente

Por ROXANA RODRÍGUEZ (cultura@bohemia.co.cu)
Fotos: ARCHIVO DE BOHEMIA (archivo@bohemia.co.cu)

Desde su Encrucijada natal, en la antigua provincia de Las Villas, siente, padece el dolor ajeno que es el suyo también. Exterioriza su inconformidad ante los abusos en el central azucarero Constancia que la ve crecer.
Aún es muy joven Haydée Santamaría Cuadrado (1922-1980) y La Habana la acoge con el rostro velado de las urbes que sufren.
Viene invitada por su hermano Abel para compartir un apartamento ubicado en las arterias de 25 y O, en el Vedado, una de las sedes donde se gestan las principales actividades conspirativas contra el régimen de Batista. Desde allí los días hacia los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes comienzan su cuenta regresiva.
 Tras los sucesos aciagos que sobrevienen al 26 de julio de 1953, la cárcel de Guanajay acrecienta sus fuerzas para la lucha. Con la excarcelación el trabajo en las montañas y las ciudades cubanas y también, en el exterior, se torna complejo, arriesgado.
No la abandonan ni un instante su confianza resuelta en el triunfo.
De ese modo, lo declararía años más tarde: “Fuimos al Moncada con aquella misma pasión con que hoy vamos a cortar caña, con esa misma pasión con que vemos nuestras escuelas llenas de niñas y niños del campo. Porque cuando fuimos al Moncada, vivíamos todo esto en nuestras mentes (…) por eso íbamos en busca de la vida y no de la muerte”.

Una casa para nuestra América
Mientras labora en el Ministerio de Educación (MINED) su entonces primer titular, Armando Hart, le encomienda hacerse cargo de una institución conocida como Casa Continental de la Cultura “que se suponía tenía que ver con los escritores. Cuando vinimos en 1959 aquí nos dimos cuenta de que se trataba de un fraude. Pedía presupuesto para esto y lo otro”, explica Haydée en una entrevista para BOHEMIA concedida al periodista Jaime Sarusky.
En un edificio con aspecto de iglesia metodista, sito en las calles 3ra y G, en el Vedado, se funda la Casa de las Américas. Hasta hoy se erige como un proyecto que promueve, difunde y resguarda el arte y la cultura de la América Latina y el Caribe.
Acompañan y acompañarán a Haydée en esta empresa, como presidenta, un equipo de destacados artistas e intelectuales: Los cubanos Alejo Carpentier, Mariano Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Harold Gramatges, Marcia Leiseca, Argeliers León, Lesbia Vent Dumois. Y latinoamericanos como Manuel Galich, Ezequiel Martínez Estrada, Mario Benedetti, Julio Cortázar. Y otros creadores más que conforman la inmensa lista de amigos cubanos y de la América Latina, colaboradores todos por la cultura del continente.
“Ella fue a la vez arquitecto y albañil, la que concibió el punto de intersección de nuestra identidad, múltiple como naipe, y la que puso casi con sus propias manos, los ladrillos para crear un lugar, casa y hogar, donde nos encontráramos para reconocernos (…)”, señala el escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, un lustro después de la desaparición física de Yeyé, sobrenombre con que la identifican aquellos que la conocen y quieren.
La claridad de pensamiento y la vigencia de las ideas, heredadas de Martí y Bolívar, resultan indiscutibles cuando ella sentencia: “El imperialismo ya no se conforma con explotar a los pueblos. Ahora explota también nuestras culturas. La política del imperialismo es contra los pueblos latinoamericanos, porque lo mismo pretende arrasar con sus economías que con sus inteligencias”.
Bajo este precepto y desde la Casa, Haydée persevera, concilia criterios, tendencias; aúna todas las formas artísticas posibles. Convoca a un certamen literario que le da nueva voz a nuestras letras. Traza las pautas para engrosar la valiosa colección Arte de Nuestra América. Confía en el carácter auténtico de la diversidad cultural latinoamericana y caribeña. Cree en el arte y se convierte en su más genuina promotora.

Anfitriona sagaz
Todavía la recuerdan, como si fuera hoy, sus compañeras Silvia Gil y Chiki Salsamendi, directora y asesora del Proyecto Memoria de la Casa, respectivamente. Dicen que irrumpía en el salón de reuniones, alegre, entusiasta, con el singular saludo de siempre y una canasta de alimentos, que de manera previsora, elaborara a sus compañeros para las horas de arduo trabajo que seguirían, a veces, hasta poco más de la medianoche.
“No era ni escritora ni pintora ni música ni actriz, pero tenía una extraña sensibilidad para captar el arte y disfrutarlo.”, sintetiza el poeta uruguayo Mario Benedetti en una oportunidad.
Su personalidad enérgica y delicada, sencilla y extraordinaria, la convierten en una excepcional comunicadora, con habilidades para relacionarse y dialogar con los múltiples artistas que nos visitaran sobre las bases de la comprensión y el respeto.
Incentiva y aprecia todas las manifestaciones artísticas. No obstante, siente particular predilección por las artes plásticas. Entrañables son las relaciones que sostiene con el chileno Roberto Matta o el colombiano Alejandro Obregón, quien solo llega a pintar flores para la anfitriona de la Casa por la afinidad mutua que se profesan.

Una enorme visión la hace percibir el talento de un grupo de jóvenes compositores e intérpretes. Desde finales de los años 60 deviene protectora de la Nueva Trova, cuyos miembros encuentran en la Casa de las Américas un espacio legitimador de la incipiente modalidad sonora.
Presta atención a su quehacer, refrenda su estilo y canto comprometido en cualquier circunstancia. No escatima esfuerzos cuando, casi al terminar la década del 70, resultan detenidos los artistas Vicente Feliú, Lázaro García, Augusto Blanca y Sareskita Pantoja, durante una gira por Bolivia en momentos de gran represión militar en ese país.
Haydée, junto a los trabajadores de la institución, organiza un cuartel general y a lo largo de varias jornadas contactan a artistas e intelectuales de diversos países del mundo. Levantan un movimiento internacional a favor de los artistas cubanos hasta que son liberados y devueltos a Cuba.
“El arte es una verdad, la creación una necesidad (…). La verdad de ustedes hoy, es el arte, y cuando la verdad está en las manos, cualquier arma es válida para llegar a ella”, advierte Haydée a un grupo de jóvenes de la entonces Brigada Hermanos Saíz, en 1978. Una vez más, la fundadora de la Casa expresaba su confianza en las nuevas generaciones de escritores y artistas y su cometido en el desarrollo de la cultura nacional y regional.
El 28 de julio de 1980 fallece esta mujer que al decir de Benedetti: “Significa un mundo, una actitud, una sensibilidad y también una Revolución”.



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